martes, 28 de julio de 2015

El destino


Últimamente tengo la sensación de que existe algo así como el destino. Sí, es una cuestión ancentral y pareciera en esta época que es una discusión ya zanjada y que todos estamos de acuerdo en que no es así, que todos creamos nuestra realidad, hacemos nuestra vida, tenemos libre albedrío, podemos elegir... ¿Pero y si no? Sé que es una cuestión difícil, a nadie le gusta sentir que no tiene libertad y que todo está determinado, y justamente creemos que el avance del pensamiento nos ha llevado a entender que dudar de esto es una estupidez, pero yo, sinceramente, no estoy muy segura de que nuestras vidas no estén determinadas desde antes de que naciéramos (y que el pensamiento no avanzó nada en 4000 años, sólo se segmentó y se puso más detallista al poder ser plasmado cada vez más fácilmente, pero eso es un tema aparte.)
¡Todo por culpa de los griegos! ¿Quién me manda a reencontrarme con ellos?  ¿Por qué cursé Griego I el semestre pasado? Bueno, justamente, ahí ven. ¿Y si estuviera determinado que yo volvería a la facultad a estudiar, para reencontrarme con ciertas ideas y ciertras preguntas, para encontrarme con ciertas personas, para entender determinadas cosas? ¿Y si todo el juego ya estuviera planteado de antemano, mucho antes de mi nacimiento, por algo externo o por mí misma? Mmmm. No estoy segura de que no sea así, eh. 

Y no quiero decir con esto que no vaya a hacerme cargo de lo que soy ni de lo que hago, de las decisiones que tomo -o que creo tomar. No pasa por ahí. No es cuestión de decir "a la mierda con todo, si igual ya está escrito, no me importa nada", eso podría ser un desastre, aunque también podría ser liberador... Es confuso y es ambiguo, puede ser completamente desolador por un lado y reconfortante por otro. Como la vida misma. 

jueves, 16 de julio de 2015

Una sola certeza


Recuerdo una noche, no hace mucho tiempo, ya hacía frío. Fuimos a la rambla a tomar una cerveza y comer grisines, a hablar, lo de siempre. Me di cuenta de que tenía que tener cuidado, a veces la visión de los demás puede empañar la propia. Pasó de nuevo unos meses más tarde, otra vez, charla entre amigas, muchas quejas, tristeza, desazón, la confusión de todos ante este misterio tan grande, y dentro de mí otra vez lo mismo, un rumor de olas en la playa a dos cuadras, como en la casa de verano que me vio toda la vida, saber que afuera hay viento. Aunque no esté en la playa, escucho la playa, sé la playa, sé las olas, allá están rompiéndose contra la arena.
La lluvia pega en la cara, empapa los ojos y el pelo, las gotas recorren la espalda, frías, las nubes vuelven la tarde oscura, se condensa toda la humedad del aire en los vidrios, en la nariz, en los pulmones, en los ojos llenos de agua, en la garganta llena de grito. Pero hay algo, hay algo lejos, incluso cuando quisiera no estar, hay algo, ese rumor de olas en la playa, ese viento invencible, esa espuma de invierno en la orilla.
Es ese algo, ese algo.
Es saber que abajo, atrás, adentro, en el fondo de los lamentos, de los sueños rotos, de las imprecisiones, sigo estando yo. Que después del frío, después de la negrura que tragué y vomité, después del pedregullo que me tengo que sacar de las manos, después de todo, ahí, y también antes, estoy yo. Estoy yo, y estoy bien. Estoy yo, con una certeza que tiembla en la médula de cada hueso, con una pasión que no deja lugar a dudas. Tengo algo caliente, oscuro y brillante en el pecho, metido bien adentro, y sabe que seguirá vivo porque nunca nació y siempre estuvo. Tengo algo clavado adentro que dice que está ahí y que está contento, que cuando estoy triste, sigue contento, que este es el camino correcto, que no importa absolutamente nada y que sobreviviremos a toda tormenta.
Tengo una certeza clavada en el pecho, es la de estar viviendo la vida que yo misma elegí, que yo misma creé y creí. Tengo una certeza clavada en el pecho como una estaca candente, que me dice que nada puede salir mal porque creo en lo que hago, porque confío en mis aciertos y en mis errores, porque vine a vivirme y lo estoy haciendo con gozo, no importa cuántos días tristes, no importa cuántas tormentas.
La cosa es, para ir cerrando, que yo soy yo, y a veces ni siquiera eso, pero mientras sí, cuando recuerdo, yo me elegí, yo me construyo, yo me elijo, y aún en la caída más fuerte y en el tropezón más doloroso, yo estuve presente, yo aprendí, yo me paro, yo sigo cantando y saltando, yo no dejo que mi certeza se caiga: yo, a pesar de los pesares, que los hubo, los hay y los habrá, sigo apostando a mi vida todas mis fichas, sigo creyendo en mí. Yo soy feliz.

viernes, 10 de julio de 2015

Sopa eléctrica


Hoy les propongo una sopa mágica, con las cosas que tenía en la heladera. Últimamente estoy muy antojada con la sopa de calabaza, así que cuando veo que en la verdulería tienen, siempre compro, pero ayer cuando estaba por ponerme a hacerla me acordé que tenía algunas verduras más y que si no hacía algo con ellas se iban a poner feas. Obviamente que al hacer eso me di cuenta de que ya tenía dos berenjenas para tirar. Tristeza. Somos un desastre. Así que para que no pasara lo mismo con el resto de las cosas que tenía, había que elegir qué sumarle a la calabaza... imaginando combinanciones de sabores y colores, me decidí por una sopa anaranjada bien anaranjada, con la calabaza y con algunas cositas más en el mismo rango cromático... ¿Quieren que les pase la receta? Muy fácil:

sábado, 4 de julio de 2015

Pudding de semillas de chía, banana y cacao


Las semillas de chía están de moda, y parece que por muchas buenas razones. Al parecer hacen bien para básicamente todo... Yo estuve buscando información y lo que lei es que tienen "proteínas, calcioboro (mineral que ayuda a fijar el calcio de los huesos), potasiohierro, ácidos grasos como omega 3antioxidantes y también oligoelementostales como el magnesiomanganesocobrezinc y vitaminas como la niacina entre otras", y generan sensación de saciedad. Además tienen un alto contenido de fibra, lo que también ayuda a regular la función intestinal.

Al parecer las semillas de chía tienen:


5 veces más la cantidad de calcio que la leche (lo que me viene bárbaro porque no tomo más)
3 veces más la cantidad de antioxidantes que los arándanos.
3 veces más la cantidad de hierro que las espinacas.
2 veces más la cantidad de fibra que la avena.
2 veces más la cantidad de proteínas que cualquier verdura.
2 veces más la cantidad de potasio que la banana.

Hasta acá venimos bárbaro, pero claro, la pregunta de todos... ¿Qué gusto tienen? En uno de los blogs que estuve viendo decían que tienen un leve sabor a nuez... Sinceramente, para mí no tienen gusto a nada, y eso es otro beneficio, porque podés ponerlas en la granola, en una ensalada o incorporarlas en cualquier receta. El tema es este: estas semillas, como muchas otras, para que nosotros los humanos podamos aprovecharlas cuando las ingerimos, deben ser activadas. Mmmm qué será eso... Nada del otro mundo: hay que ponerlas en agua un ratito para eliminar los inhibidores enzimáticos de las semillas -lo que hace que éstas no germinen de manera prematura- que dificultan la digestión, porque al parecer nosotros no tenemos enzimas en nuestro sistema digestivo que nos permitan sacar de ellas todos sus beneficios.

Y acá aparece otro amigo buenísimo: el mucílago. Cuando dejen remojando las semillas, van a ver que al rato el agua se convierte en una especie de gelatina. Es una fibra soluble muy buena para solucionar el estreñimiento, para eliminar toxinas y para las personas con diabetes, y es lo que va a permitir que hagamos el famoso pudding.

Les paso la receta:

lunes, 17 de noviembre de 2014

Un camino para la humildad



Para Clari, que me pidió que escribiera sobre esto,
y para T., que necesita saber que hasta que no pare de sufrir
por no ser maravillosa no va a descrubrir que ya lo es.


Tu camino es tuyo y es hermoso. No naciste para ser alguien porque ya sos alguien, alguien maravilloso, alguien ya perfecto. No podés pasar tu vida intentando "ser", porque nunca vas a llegar a ser ese a menos que asumas que ya sos este y que este está bien, es perfecto, es hermoso, es todo y no necesitás nada más. 

Hace poco alguien me dijo que no hacía nada porque todo lo que hacía era horrible y que nunca iba a ser la mejor. Ahí está la confusión, creer que hay que ser el mejor, caer en la fantasía del agón, inventar un podio (odio los rankings y las calificaciones en las obras de arte, ¿cómo carajo puede alguien darle un orden de calidad o belleza a discos, libros, películas?), competir, compararse con otros seres que tienen otro camino, otra historia, otros dones, otro mensaje, otra vida, otro aprendizaje. Cada uno tiene el suyo. Y es todo lo que tenemos para darnos a nosotros mismos y a los demás. Cambia el mundo cuando nos damos cuenta de que somos suficiente. Somos todo, no necesitamos ser nada más, simplemente necesitamos hacer. Hacer, gozar de hacer, compartir lo que hagamos, intercambiar, dar, sentir.

Algunos, al poner la expectativa en ser, empezamos a temer de nuestros propios actos. Queremos ser "los mejores", y como no lo somos, no hacemos nada. Tenemos miedo de ver lo que podamos crear. Algunas corrientes dicen que tenemos miedo de ver las cosas maravillosas de las que podemos ser capaces, y es alentador creer eso, pero al menos en la superficie, pareciera que el miedo es a decepcionarme por descubrir que no soy tan capaz como quiero ser, hacer y no ser la mejor.
Hasta que me di cuenta, sentí, que no tengo que ser nada más que lo que soy y hacer todo lo que puedo, con trabajo, con amor, con intención, y no comparar mi trabajo con el de nadie ni con el de mis ideales. Hacer y luego observar para seguir haciendo.
Aprendí a hacer cosas y a agradecerme haberlas hecho, simplemente por haberlas hecho. No hacerlas es, como se dice ahora, quedarse en la zona de comfort. Quedarte quejándote de vos mismo por no ser suficiente, esperando que otros te digan que lo sos, que sí podés hacer cosas buenísimas, y sin hacerlas para no decepcionarlos a ellos, pero sobre todo no decepcionarte a vos cuando las cosas no sean las más increíbles que la humanidad ha visto, secretamente creyendo que un día, de la nada, te vas a animar y oh todo va a ser increíblemente genial, así, por arte de magia, sin trabajo alguno, sin creer en vos mismo te vas a haber convertido en un genio. Y esa no es la realidad. La realidad es que para hacer cosas que te dejen satisfecho vas a tener que laburar mucho y creer en vos es lo único que te va a hacer levantarte todos los días con fuerza para encarar ese laburo. Y que ese laburo es tu camino. El trabajo de dejar de quejarte de todo lo que no hacés bien y empezar a hacer lo que puedas, el laburo de sentirte orgulloso de tus pequeños logros, el laburo de aprender a criticarte con amor y no con rencor por no ser perfecto, de encontrar las vetas por las cuales podés seguir tallando tu obra, que en primer lugar y antes que tu arte es tu vida, para hacerla más bella de acuerdo a tus propios parámetros, el trabajo de aprender cuáles son tus parámetros, el trabajo de darte cuenta de que todo lo que podía caerte del cielo ya te cayó y está ahí, en tu corazón. Nada más y nada menos.
Y que este es tu camino. Y que es hermoso. No has sufrido por creerte insuficiente, has sufrido por querer enterrar tu vanidad. Y valió la pena porque es una lección maravillosa la de la humildad. Ahora basta. Ya está. Ya pasaste toda tu vida hasta hoy torturándote por querer ser la mejor de todas, no lo sos, nadie es mejor que nadie, nadie es más perfecto, todos nacimos perfectos y estamos acá para lo mismo: dar, compartir, crear, vivir. Todos somos perfectos y hermosos y estamos haciendo lo que podemos. Ahora que sabés eso podés dejar atrás las expectativas. Tus padres ya no esperan más de vos, les diste todo solo con ser, tus amigos no esperan nada de vos, el mundo no espera nada más de vos. Sólo vos estás esperando ver qué podés crear y ahora sólo resta animarse y abrazar lo que sea que nazca, parir lo que sea para poder amarlo sólo porque pudiste darlo a luz. Dale, manos a la obra, a trabajar y a estar orgullosa, que esta vida es tuya, este es tu camino, duro y bello, con sudor y con lágrimas, con sangre y con viento, con algunas rosas y con todo lo que estés dispuesta a darte. Es tu camino, es un camino, es duro y bello, como el de todos.



Foto: autorretrato con flores.

martes, 12 de agosto de 2014

Acelga y garbanzos al limón con ajo


¡Hace un montón que tengo esta receta en el tintero para ustedes! Mmmm, ñam. Como ya les comenté antes, me gusta intentar con los sabores "raros", digamos que culturalmente ajenos, cosas que sorprendan con el primer bocado. Hace unas semanas compré acelga y no sabía bien qué hacer con ella, porque no quería caer en hacer una pascualina, quería algo nuevo y sin harina, entonces me puse a buscar en pinterest, hasta que vi esta receta y plim, me cayó la ficha de que había dejado unos garbanzos en remojo. ¡Perfecto!

El sabor me recordó a una comida armenia que probé hace años, era un guiso con garbanzos, fideos y mucho, mucho, muuuucho limón (no exagero, al lado de la olla había cáscaras como de dos o tres kilos de limones). La verdad, es un sabor raro, en Uruguay no es común comer comidas de olla con limór, bah, en realidad creo que el limón se usa, en el caso de la comida salada, sólo para condimentar ensaladas y milanesas o pescados. ¡Está bueno ampliar las posibilidades!

La receta:

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