lunes, 6 de mayo de 2013

sobre llevar un diario


 Soy pro llevar diario, o más bien, llevar un libro de viaje, para ir haciendo anotaciones, dibujos, reflexiones sobre lo que se va viviendo. Ahora de grande me di cuenta de que no es algo muy común, y que a muchas personas les da vergüenza. Para mí escribir es totalmente necesario. Hasta ver las letras escribiéndose, a veces el sólo hecho de sentir la lapicera deslizándose sobre la hoja de papel -hay que tener lindas lapiceras y lindos papeles, animan a escribir. Y después poder releer. Reconocerse, ver qué cosas cambiaron, qué cosas no, cuáles seguimos sintiendo, qué sentíamos antes... Para mí es importante, y animo a todo el que puedo con que escriba el suyo propio, aún a la gente que me pregunta "¿Pero escribís 'querido diario'?" ¡Para escribir sobre lo que uno piensa no hay que ser pelotudo! Si querés escribir eso escribí, hay que admitir que el género epistolar es muy interesante y a veces ayuda a expresar cosas... pero tranquis, es un ejercicio para conocerse a uno mismo y tratar de entenderse mejor, una herramienta, también un divertimento, y por qué no, un ejercicio literario, mirá si te das cuenta de que escribís bárbaro y todo! Y hasta que vos no pienses eso y quieras compartir, nadie tiene por qué leerlo ;)

¿Y ustedes, tienen diario?

PD: Isadora Duncan ultimamente está mimosa y buena onda, y se dejó sacar fotos! Nada que ver con el tema pero... so what! :P

lunes, 25 de marzo de 2013

mushaboom


I got a man to stick it out
And make a home from a rented house
And we'll collect the moments one by one
I guess that's how the future's done

How many acres how much light
Tucked in the woods and out of sight
Talk to the neighbours and tip my cap
On a little road barely on the map

Old dirt road
Knee deep snow
Watching the fire as we grow old
Old dirt road
Rambling rose
Watching the fire as we grow well I'm sold

¿Linda canción, no?

lunes, 18 de marzo de 2013

la madre (y el padre)


Qué difícil seguir viviendo cuando la madre no está. Cuando mamá muere, y a casi todos se nos muere la madre en cierto momento de la vida, aunque nuestra madre siga viva, aunque algunos no se den cuenta, aunque algunos lo sufran más, unos menos; algunos pensamos en eso seguido, teniendo a nuestra madre que nos parió a diez minutos en auto y llamada telefónica por siempre dispuesta. Pero mamá no está. No hay nadie a quien llamar cuando estás llorando en la playa, en tu cama, en un auto, en la calle. Ese abrazo se perdió. Y mamá está ahí, mi mamá está leyendo esto, y ellá está, siempre querrá estar, pero no. Como ella ya no tiene a su mamá aunque la abuela esté viva y a mitad de camino entre su casa y la mía.
Porque vas creciendo y el regazo te queda chico. Sos un adulto. Y te acordás de cuando sentías miedo, frío, hambre, o mucho, mucho sueño, y todo lo que necesitabas era a mamá para que viniera a solucionar todo. Y ella venía, y aún sin hacer nada, arreglaba todo. Y digo mamá pudiendo decir papá. No hay miedo que pueda con un abrazo, no hay cosa que ellos no puedan calmar durmiéndote en sus brazos, no hay otro lugar en el mundo a donde pertenezcas que no sea ese. Ahí apretado entre esas manos y ese pecho, vos sos vos.
Y de repente un día entendés que cada vez que observes la inmensidad del cielo encontrarás una soledad que impresiona, que hiela, que te penetra. No hay lugar seguro, no hay espacio a donde pertenezcas más allá de tu piel. Todo el mundo es igual de inseguro o seguro, el mundo está adentro tuyo. Y pensás cómo carajo hicieron esas dos personas, tan frágiles como cualquiera, tan sensibles como uno, para darte tanta seguridad (oh mamá naturaleza tan perfecta), para darte un hogar, para ser tu hogar doquiera que estuvieran. Pero cómo eso tiene fecha de vencimiento. Y cómo un día yo seré la madre de alguien, borraré todo el miedo y cantaré hasta dormirle, le diré sana sana colita de rana y se olvidará de que le picó una hormiga, para luego, después de años, ser descubierta, ser una mujer más, con su soledad a cuestas.
Bueno, no sé si se entiende lo que quiero decir, pero he pensado en esto muchas veces. En lo infinitamente solos que estamos, y al mismo tiempo no, porque mi amigo Guegueke dice que es mentira que estamos solos, que estamos muy juntos y acompañados, y que no me olvide, porque yo se lo dije a él.

Disfruten ustedes con sus niños pequeños la posibilidad de dar a alguien ese abrazo que todo lo sana. Seguramente, es en ese abrazo, más que en ningún otro, es donde toda la divinidad y la gracia del cosmos se hace tangible. Y para los que ya somos grandes, a pecherearla con la soledad y a buscar abrazos que curen, que hagan olvidar la soledad, que aunque no sean como los de los papás idílicos de nuestros cinco años, sirven, sanan y mucho.

Les dejo de regalo una canción de cuna. Yo no pienso dejar de buscar ese abrazo en el Universo, estoy segura de que nos lo está dando todo el tiempo, aunque a veces cueste sentirlo.

PD: las fotos son del cabo polonio, de este verano; y en youtube estoy armando una lista de reproducción de canciones de cuna de aborígenes americanos. Quizá les ayude a los que tienen bebés pequeñitos, a los que les cuesta dormir, o a los que aún sienten y saben dentro de sí una parte bebé que nunca crece, que es hermosa, y que es su escencia.

miércoles, 6 de marzo de 2013

adiós Hugo Chávez y una tormenta de verano



Se murió Chávez y este no es un blog de política, pero... Pero qué valiente, Comandante, luchar contra la injusticia requete justificada, afianzada, estructural, pero de ningún modo natural, del mundo que vivimos. A todo pulmón, asumiéndolo todo, yendo para adelante como un toro, para cumplir un sueño, un sueño que no era sólo para vos, era para muchos más, y también para mí, clase media baja latinoamericana que labura todos los días para poder ir viviendo, buscándole la vuelta para cuando quiera tener hijos, para soñar una casa, un laburo de menos horas para criar y amar a mis seres queridos, soñando poder pagar buena atención de salud si me enfermo, sabiendo que mi jubilación, si las cosas no cambian mucho, va a ser una miseria. Tantas cosas en las que pienso diariamente y ante lo cual la única solución, dadas las circunstancias, es tener dinero. Y eso es violencia. El dinero, el capital, es violencia. Es poder. Es opresión. Es injusticia.
Una vez leí una carta abierta de una madre venezolana, que había dado a luz a su bebito prematuro en su país. En ella agradecía y se deshacía de amor hacia su presidente, diciéndole que gracias a la implementación de unidades especiales de cuidado intensivo para prematuros en los principales hospitales públicos de las ciudades de Venezuela, su bebé había sobrevivido, porque de otro modo no hubiera tenido dinero ni para ir a Caracas, ni para pagar el tratamiento para el nene. Ante eso, cientos de comentarios de más madres que habían pasado por idéntica situación, dejando bendiciones, encomendaciones a Cristo y saludos de todo tipo para el presidente y su gente. Quedé lagrimeando mientras leía. Ese solito es un logro de la Revolución Bolivariana que me tocó el corazón. Hechos concretos: planes de salud que llegan a miles de personas que los necesitan, llamale reducción de la mortalidad infantil, llamale que una mamá no tenga que ver morir a su bebé porque no puede PAGAR el tratamiento médico.

No, este no es un blog de política. Pero es un blog mío y es sobre la vida, el amor, la justicia, la Verdad y los sueños. Y prefiero a un loco de estos que a uno igual pero que defienda los intereses de los que nos tienen a nosotros viviendo así, porque esta violencia debería parecernos intolerable.

Una tarde de lluvia tomé estas fotos. Me gustan las tormentas de verano, esas de salir afuera y dejarse llover todita el agua arriba. El texto no tiene nada que ver, pero escribo lo que voy pensando.

miércoles, 20 de febrero de 2013

"la herida es el lugar por donde entra la luz"


"toca la campana que aún puede sonar y olvida el sacrificio perfecto. Hay una grieta en todo:  así  es como entra la luz"
 
Hace casi un año ya, me caí en bicicleta. Pasé una noche casi sin poder dormir del dolor, y estaba sola, probando si podía soportar la soledad, probando si podía disfrutarla, intentando escuchar lo que había adentro mío. ¿Y qué me pasó? Me hice mierda en una bicicleta. Por no frenar en la puerta de casa, por seguir unos metros más "porque la noche está preciosa", me hice carozo una rodilla. Y ahí sí que probé mi soledad, ahí sí que escuché lo que había adentro mío: había angustia, mucha. Había un dolor enorme. Salía un llanto que desgarraba las paredes, y ahí sí que lo escuché. Y agradecí. Sí, claro, puede sonar a verso de chica zen, pero si hay algo que no soy, es lo  que identificaría con "zen". No tengo mucha paz. Vivo muy intensamente mis emociones. Y mientras le gritaba al perro que había intentado atacarme, me levanté, entré a casa y estallé en llanto. Y le agradecí a Dios haberme caído para poder llorar todo lo que no había llorado ese verano.
Pensé que se iba a curar rapidísimo, pero tardó, y la cicatriz que quedó parece que no va a irse nunca.
Como algunos dolores, que no sabés ni que son y parecen estar atados, agarradísimos a vos.
Hoy quiero creer que se pueden ir. Que las campanas aún pueden sonar, y eso es más importante que la poética de un sacrificio perfecto. Lo digo en sentido figurado y también literal porque en estos días me enteré de más suicidios. Olvidémonos de ser los mártires de una causa idílica y agarremos a quien tenemos al lado para entendernos. No, no es fácil, a mí tampoco me sale. Pero te juro que estoy intentando.
 Si la herida es el lugar por el que entra la luz, también es el lugar por donde la oscuridad se va.
 
Buscando esa frase encontré un tema de Leonard Cohen que se llama Anthem, de ahí la cita entre comillas. La foto es de la noche de la caída. No podía creer el agujero que me había hecho, no tener una farmacia cerca y que me doliera absolutamente toda la pierna.

lunes, 18 de febrero de 2013

la vida sigue


Las tragedias al sol, el silencio, las estrellas, el fuego fueguito de lejos, el faro.
Qué habrá pasado en un corazón para elegir pararlo. Fin. Se acabó. Para decir chau, acá me quedo, ya no puedo. Para abandonar a quienes quedan aquí con nosotros y largarse a los abismos y las estrellas. No sé, nadie sabe. No es tu culpa, no, no es. Porque cada vez que me encuentro en la inmensidad de una noche abierta para mirar las estrellas me siento enormemente sola y sé que cada uno llega y se va tan solo como acompañado. No es tu culpa, no es la culpa de nadie. Cada uno se hace cargo de su vidita como puede, y quien intenta encargarse de la de otros se frustra y sufre, porque nuestra vida es el cachito de responsabilidad que nos fue encomendada. Así funciona, la vida se ha repartido a sí misma en miles de fragmentos para poder conducirse de a puchitos; para poder entenderse a sí misma, tuvo que inventar el tiempo y el espacio, los seres y las cosas. Me preguntaron para qué vinimos a la vida y no contesté que vinimos a eso porque estaba enojada y triste, pero de todas las cosas que he leido, esa me parece la más coherente y la que más me toca el corazón, y así es que yo intuyo la Verdad. Pero no lo sé.
Venimos a la vida con la vida, a ser la Vida. Es el pedacito de Todo que nos es dado, y en miles de vidas entendemos nuestra existencia. No podemos entender las de los demás, apenas la nuestra. No podemos echarnos la culpa por la ineptitud, el miedo, la tristeza de otros. No. Cada uno cuida su pequeña, gigante carga, su sagrado tesoro. Y aún en la tristeza más triste, en la decisión más espantosa, la vida no acaba. La vida sigue. En otra vida, en otro planeta, la vida sigue. Somos eternos, y la vida sigue. No sé cómo, pero sigue y seguirá hasta que todo esté bien.

La foto es un autorretrato que me tomé en el Cabo Polonio la semana pasada. El post, como es evidente, lo escribí en la madrugada del lunes, momentos después de enterarme de que alguien que conozco -que apenas conocí, pero era cercano a personas cercanas a mí- decidió suicidarse, y una semana después de que Mariana me contara que su amado había tomado la misma decisión.