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jueves, 11 de mayo de 2017

Madre


Ella es ella y es el mate pegado a sus manos. Ella es ella y sus puchos frente al mar. Ella es tortas de manzana para la tarde, la murga en la oscuridad y el calor de las madrugadas de febrero. Las obras de teatro y las anécdotas sobre sus alumnos, la emoción que irradia cuando cuenta la historia de un niño que en el teatro encontró un universo donde ser libre. Ella es el Darno o Cabrera desafinados en el living de su casa, las uñas llenas de tierra moviendo plantas y podando helechos, y el siempre presente cigarrillo entre sus dedos. Más mate, películas de animales que juegan al básquet, los libros de Harry Potter y los nombres de todos los desaparecidos de América del Sur. 
Ella es su clasismo, su imaginación para alentarnos a encontrar a todos los seres del cosmos en las nubes, y su libertad al darnos la libertad de pensar, creer y buscar nuestros ideales, nuestros sueños y nuestras verdades.
Ella nos dijo siempre que lo único que quiere es que seamos buenas personas y que no llamemos demasiado la atención, aunque esto último no nos salió bien nunca, a ninguna de las tres.
Ella es la madre que elegí antes de nacer, con sus aciertos, con sus errores, con sus virtudes y sus defectos, la que me engendró, me parió, me dio la teta y me enseñó a ser libre, llenándome siempre de amor.
Y desde México, en el día de las madres, le digo GRACIAS. Gracias ma por todo, pero sobre todas las cosas, por hacernos sentir siempre ese amor incondicional que no debería hacerle falta a ningún ser humano en la Tierra. Desde el día en que supiste que yo vivía dentro de vos, hasta el día de hoy, en que estando lejos y sin pedir consejos, sé que estás conmigo y tengo tu amor y tu apoyo siempre.

Gracias por hacerme notar siempre que la vida misma es un milagro de amor, no te preocupes, que mis noticias seguirán hablándote del aire y del sol. Feliz día.

martes, 8 de septiembre de 2015

Vamos viendo


Preparar un viaje lleva tiempo, lleva lágrimas, risas, bailecitos y canciones. No es fácil, nunca es fácil hacer aquello que sabemos que es importante. Tantos años ¿toda mi vida? esperando esto. Salir al mundo, aventurarme en él, desatar algunos nudos, preparar la nave, y salir sabiendo que no hay mucho de qué abastecerse para prevenirse, que quiero estar desnuda, caminando con mi caparazón y nada más, encontrando lo que deba encontrar, sintiendo la vida, sintiendo que navego con ella, que no hay nada seguro más que el ser y el estar, el andar para entender, el probar para conocerse.

Paro. Me cebo un mate. Esto es real, en el cajón está el pasaje. Un único pasaje de ida, un empujón inicial que nos lleve un poquito lejos, después vamos viendo. El primer pasaje, que nos lleva donde nadie nos conoce y no conocemos a nadie, pero donde todos nos están esperando, sin saberlo, nos están esperando. Y es real, porque cuando veo lugares para alojarme descubro que el que más me gusta es el más barato y agreste, la gente a la que le escribo por Couchsurfing me ofrece alojamiento a cambio de ayudar a construir casas ecológicas autosustentables o dar una mano con la huerta orgánica, y cuando todos los amigos que creí me iba a encontrar en el camino me avisan que no van a estar yo sé que se trata de esto: de toda esta gente nueva que vendrá, todo esto que siempre quise pero que aún no conozco y que me está esperando para mostrarse. De que para estar sola en lo desconocido hay que estar un poco sola y un mucho sin lo conocido, pero puedo intuir que esa será la única soledad que me aguarda, porque todo lo demás me grita que me quiere, que me extraña, que me espera: las sierras, las casas de barro, las huertas, las abejas, las flores, los campings al lado del río y el aire limpio de luz y de humo.

Me cebo otro matecito. Tengo un mate y un termo nuevos, chiquitos, especiales. Son el principio del viaje. La primer compra conjunta con mi compañera de ruta, una nueva amiga, y qué significativo que nuestra primer compra sea esta, un mate. No es una infusión, señores, es un artefacto guaraní muy arraigado en la cultura popular uruguaya que se utiliza para comulgar, para reunirse, para compartir. Ya estamos prontas, vamos juntas y solas hacia la aventura, que no es ni escalar montañas reales ni cruzar fronteras imaginarias. Es encontrar partes de nosotras y del Cosmos que aún no sabemos cómo son pero intuimos que existen. ¿Cómo vamos a hacer para hallarlas? No sé, vamos viendo.

Paro. Dejo descansar mi cuerpo, mis sueños, mi pensamiento.
Un amigo me escribe, finalmente va a estar esperándome. Él y sus buenas noticias, él y su voz que ahora está llena de emoción, de alegría, de esa sensibilidad que por fin se manifiesta. Él, que ahora es este porque hace años decidió hacer el mismo viaje que yo empiezo ahora. Ay, si te das cuenta, los círculos de la vida se cierran y se abren a la vez, y más que círculos parecen flores eternas. Cuántos encuentros y desencuentros, cuántas vueltas para ir a quién sabe dónde. Y es ahí, en el misterio, donde viven tanto el miedo como la intensa maravilla. En no saber nada, en intuir un poco, en desear mucho y en sorprenderse bastante.

Me voy en unos días. Y no voy a escribir hablando de sitios turísticos, de qué ver en qué lugares, de qué hay en dónde ni cuánto sale nada. Me voy, pero el viaje de mis pies sobre la Tierra es sólo un intento por hacer más tangible este viaje que es hacia adentro, esta travesía que es vivir, esta cosa que se escurre, se escapa y corre, este sueño intenso y frágil que cada vez se vuelve más real, más asible a medida que crezco, y cada vez estoy más segura de que los mejores años son los que están viniendo. Porque no solo "vamos viendo" como uso coloquial para decir que cuando estemos frente a la necesidad de tomar una decisión la tomaremos, y no antes, sino que vamos entendiendo, vamos develando, vamos conociendo, vamos haciéndonos con herramientas para seguir viviendo.



martes, 28 de julio de 2015

El destino


Últimamente tengo la sensación de que existe algo así como el destino. Sí, es una cuestión ancentral y pareciera en esta época que es una discusión ya zanjada y que todos estamos de acuerdo en que no es así, que todos creamos nuestra realidad, hacemos nuestra vida, tenemos libre albedrío, podemos elegir... ¿Pero y si no? Sé que es una cuestión difícil, a nadie le gusta sentir que no tiene libertad y que todo está determinado, y justamente creemos que el avance del pensamiento nos ha llevado a entender que dudar de esto es una estupidez, pero yo, sinceramente, no estoy muy segura de que nuestras vidas no estén determinadas desde antes de que naciéramos (y que el pensamiento no avanzó nada en 4000 años, sólo se segmentó y se puso más detallista al poder ser plasmado cada vez más fácilmente, pero eso es un tema aparte.)
¡Todo por culpa de los griegos! ¿Quién me manda a reencontrarme con ellos?  ¿Por qué cursé Griego I el semestre pasado? Bueno, justamente, ahí ven. ¿Y si estuviera determinado que yo volvería a la facultad a estudiar, para reencontrarme con ciertas ideas y ciertras preguntas, para encontrarme con ciertas personas, para entender determinadas cosas? ¿Y si todo el juego ya estuviera planteado de antemano, mucho antes de mi nacimiento, por algo externo o por mí misma? Mmmm. No estoy segura de que no sea así, eh. 

Y no quiero decir con esto que no vaya a hacerme cargo de lo que soy ni de lo que hago, de las decisiones que tomo -o que creo tomar. No pasa por ahí. No es cuestión de decir "a la mierda con todo, si igual ya está escrito, no me importa nada", eso podría ser un desastre, aunque también podría ser liberador... Es confuso y es ambiguo, puede ser completamente desolador por un lado y reconfortante por otro. Como la vida misma. 

jueves, 16 de julio de 2015

Una sola certeza


Recuerdo una noche, no hace mucho tiempo, ya hacía frío. Fuimos a la rambla a tomar una cerveza y comer grisines, a hablar, lo de siempre. Me di cuenta de que tenía que tener cuidado, a veces la visión de los demás puede empañar la propia. Pasó de nuevo unos meses más tarde, otra vez, charla entre amigas, muchas quejas, tristeza, desazón, la confusión de todos ante este misterio tan grande, y dentro de mí otra vez lo mismo, un rumor de olas en la playa a dos cuadras, como en la casa de verano que me vio toda la vida, saber que afuera hay viento. Aunque no esté en la playa, escucho la playa, sé la playa, sé las olas, allá están rompiéndose contra la arena.
La lluvia pega en la cara, empapa los ojos y el pelo, las gotas recorren la espalda, frías, las nubes vuelven la tarde oscura, se condensa toda la humedad del aire en los vidrios, en la nariz, en los pulmones, en los ojos llenos de agua, en la garganta llena de grito. Pero hay algo, hay algo lejos, incluso cuando quisiera no estar, hay algo, ese rumor de olas en la playa, ese viento invencible, esa espuma de invierno en la orilla.
Es ese algo, ese algo.
Es saber que abajo, atrás, adentro, en el fondo de los lamentos, de los sueños rotos, de las imprecisiones, sigo estando yo. Que después del frío, después de la negrura que tragué y vomité, después del pedregullo que me tengo que sacar de las manos, después de todo, ahí, y también antes, estoy yo. Estoy yo, y estoy bien. Estoy yo, con una certeza que tiembla en la médula de cada hueso, con una pasión que no deja lugar a dudas. Tengo algo caliente, oscuro y brillante en el pecho, metido bien adentro, y sabe que seguirá vivo porque nunca nació y siempre estuvo. Tengo algo clavado adentro que dice que está ahí y que está contento, que cuando estoy triste, sigue contento, que este es el camino correcto, que no importa absolutamente nada y que sobreviviremos a toda tormenta.
Tengo una certeza clavada en el pecho, es la de estar viviendo la vida que yo misma elegí, que yo misma creé y creí. Tengo una certeza clavada en el pecho como una estaca candente, que me dice que nada puede salir mal porque creo en lo que hago, porque confío en mis aciertos y en mis errores, porque vine a vivirme y lo estoy haciendo con gozo, no importa cuántos días tristes, no importa cuántas tormentas.
La cosa es, para ir cerrando, que yo soy yo, y a veces ni siquiera eso, pero mientras sí, cuando recuerdo, yo me elegí, yo me construyo, yo me elijo, y aún en la caída más fuerte y en el tropezón más doloroso, yo estuve presente, yo aprendí, yo me paro, yo sigo cantando y saltando, yo no dejo que mi certeza se caiga: yo, a pesar de los pesares, que los hubo, los hay y los habrá, sigo apostando a mi vida todas mis fichas, sigo creyendo en mí. Yo soy feliz.

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